El 7 de octubre de 1571, en el Golfo de Patras (Grecia) la historia del Europa y del mundo cambió para siempre, y es que la Liga Santa comandada por Juan de Austria y el Imperio Español fundamentalmente, vencieron a las fuerzas del Imperio Otomano en la Batalla de Lepanto, frenando con esta victoria el expansionismo turco en el Mediterráneo Oriental y sus ataques hacia Occidente.

En cuanto a las bajas de dicho enfrentamiento, en la Liga Santa rondaron los 8.000 muertos y 12 galeras, por su parte, las bajas de los turcos ascendieron a los 30.000 hombres y 230 naves, además de 8.000 otomanos que cayeron prisioneros por las fuerzas cristianas. La victoria, fue atribuida a la Virgen del Rosario, por haberse celebrado el primer domingo de octubre, y tras esta, se liberaron unos 12.000 cristianos de las naves turcas, siendo de este un importante número de mujeres.

Tras la subida de moral que trajo esta contienda, con las fuerzas turcas mermadas, y con el convencimiento de que Dios estaba con ellos, hubo algunos “locos” que quisieron seguir la guerra santa y su próximo objetivo no era otro que reconquistar para el cristianismo viejas posesiones como Grecia, y la denominada en la Edad Media como “Reina de las Ciudades”: Constantinopla.

Según algunas leyendas, entre estos “locos” estaría el líder de la campaña de Lepanto, Juan de Austria, quien se hubiera atrevido a llevar a cabo esta misión, cuyo resultado hubiese sido épico en caso de llevar la victoria a Occidente y recuperar para la cristiandad esta ciudad tan importante, o un desastre total en caso de derrota, la cual hubiera borrado los logros cometidos en el sur de Europa anteriormente. Finalmente, todo esto quedaría en nada, ya que no parece haber fuentes que indique que esta propuesta se pusiera encima de la mesa del Rey español Felipe II.

Desde la Conquista de Granada, los planes de la Monarquía Hispánica eran expandirse por el Mediterráneo y por las zonas del Norte de África. Sin embargo, el Descubrimiento de América, sumado a la Reforma Protestante en el corazón de Europa, hizo que la historia vagara por otros caminos, y que Constantinopla llegue hasta nuestros días como lo que es desde 1453, tierra del turco. Quizás, si se hubiese decidido socorrer en su tiempo, no se hubiese vivido siglo y medio de luchas contra ellos, pero solo quedó en pura intención.


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