Entre 1519 y 1522 una expedición financiada por Carlos I abrió un paso al sur de América, cruzó el Pacífico y regresó a Castilla por el Índico. Fernando de Magallanes concibió y dirigió la empresa hasta su muerte en Filipinas; Juan Sebastián Elcano tomó el mando de la nao Victoria y culminó la primera circunnavegación documentada.

Especias, mapas y una ruta occidental

El objetivo no era demostrar que la Tierra era redonda. La esfericidad era aceptada por los cosmógrafos europeos cultos. La cuestión práctica era encontrar una ruta occidental hasta las Molucas, productoras de clavo, y determinar si quedaban en el hemisferio atribuido a Castilla por los acuerdos con Portugal.

Magallanes, marino portugués con experiencia en el océano Índico, ofreció su proyecto a Carlos I después de no obtener apoyo de Manuel I de Portugal. Junto al cosmógrafo Rui Faleiro, sostuvo que las islas podían alcanzarse navegando hacia occidente sin invadir la zona portuguesa.

La Corona firmó capitulaciones en Valladolid en 1518. La Casa de Contratación preparó cinco naves: Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago. Las dotaciones reunían a más de doscientos hombres de numerosos orígenes europeos y de otros lugares. La empresa fue castellana por financiación y jurisdicción, portuguesa en parte de su conocimiento náutico e internacional por sus tripulantes.

De Sevilla a San Julián

Las naves salieron de Sevilla el 10 de agosto de 1519 y de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre. Cruzaron el Atlántico, exploraron la costa sudamericana y pasaron el invierno austral en Puerto San Julián. Allí estalló un motín de capitanes castellanos contra Magallanes.

El capitán general sofocó la rebelión con dureza. Gaspar de Quesada fue ejecutado; Juan de Cartagena y Pedro Sánchez de Reina quedaron abandonados. El episodio revela tensiones de autoridad, origen y objetivos que no encajan en una narración de armonía heroica.

La Santiago naufragó mientras exploraba. La San Antonio desertó durante la búsqueda del paso y regresó a España. Las tres naves restantes atravesaron entre octubre y noviembre de 1520 el estrecho que hoy lleva el nombre de Magallanes. El laberinto de canales demostraba que existía una conexión navegable, aunque difícil, entre el Atlántico y el mar descubierto por Balboa desde Panamá.

El océano que parecía pacífico

Magallanes llamó Pacífico al nuevo océano por la calma encontrada al entrar. La travesía fue mucho más larga de lo previsto. Durante cerca de tres meses y medio apenas hallaron alimentos frescos. Hambre, escorbuto y agotamiento causaron muertes. La inmensidad del océano corrigió los cálculos geográficos en la experiencia más brutal posible.

En marzo de 1521 llegaron a las Marianas y después a Filipinas. Magallanes estableció relaciones con dirigentes locales, celebró alianzas y participó en conversiones cristianas. Su intervención en rivalidades políticas lo llevó a Mactán, donde intentó someter a Lapulapu.

El 27 de abril de 1521 Magallanes murió en el combate. No dio la vuelta completa al mundo en aquella expedición, aunque sus viajes anteriores hacia Asia hicieron que sus trayectorias vitales casi cerraran el globo. La empresa quedó sin su promotor y perdió más hombres en una emboscada posterior en Cebú.

Elcano y la decisión del regreso

Con pocos tripulantes para tres naves, la Concepción fue quemada. La Trinidad y la Victoria alcanzaron las Molucas en noviembre de 1521 y cargaron clavo. Gonzalo Gómez de Espinosa mandaba la Trinidad; Juan Sebastián Elcano, la Victoria.

Las naves eligieron rutas distintas. La Trinidad intentaría regresar hacia América a través del Pacífico, pero una avería, temporales y la captura portuguesa hicieron fracasar el plan. Elcano tomó una decisión arriesgada: volver por el oeste, cruzando el océano Índico y rodeando África dentro de rutas controladas por Portugal.

La Victoria navegó durante meses evitando puertos. En Cabo Verde, los supervivientes fingieron proceder de América para obtener víveres. Los portugueses descubrieron el engaño y detuvieron a trece hombres; Elcano escapó con el resto. Carlos I reclamaría después su libertad.

Dato clave. Magallanes dirigió el proyecto y descubrió para la expedición el paso al Pacífico. Elcano condujo la Victoria desde las Molucas y completó la circunnavegación. Sin uno de esos dos papeles, la primera vuelta al mundo no se explica.

Dieciocho supervivientes en la Victoria

La nao llegó a Sanlúcar el 6 de septiembre de 1522 y a Sevilla dos días después. A bordo regresaron dieciocho europeos de los que habían partido en la flota, además de varios asiáticos cuya situación y número requieren tratamiento específico. Otros supervivientes volvieron más tarde por diferentes vías.

Elcano escribió al emperador destacando que habían navegado «toda la redondez del mundo». Recibió una renta y un escudo con el lema latino Primus circumdedisti me, «el primero que me rodeaste». El reconocimiento no borró disputas sobre salarios, mercancías y méritos.

Antonio Pigafetta, participante italiano, dejó la relación más famosa. Su diario aporta vocabularios, observaciones y episodios fundamentales, aunque también responde a su propia mirada y a la defensa de Magallanes. Otros testimonios y documentos de la Casa de Contratación permiten comparar versiones.

Lo que cambió el viaje

La expedición demostró mediante una navegación continua que los océanos estaban conectados y ofreció una medida práctica de la escala planetaria. También reveló el problema de la fecha: al viajar siempre hacia occidente, los supervivientes habían perdido un día respecto al calendario local.

El balance económico inmediato fue ambiguo. La carga de clavo de la Victoria ayudó a cubrir costes, pero cuatro naves se perdieron o no regresaron por la misma ruta y murió la mayoría de los participantes. Castilla acabó cediendo sus derechos sobre las Molucas a Portugal en el Tratado de Zaragoza de 1529.

La consecuencia duradera fue geográfica y marítima. Décadas después, el tornaviaje de Andrés de Urdaneta conectó Filipinas con Nueva España y consolidó el Galeón de Manila. La primera circunnavegación había mostrado la posibilidad; la ruta transpacífica estable convirtió esa conexión en sistema.

Una empresa compartida

La conmemoración nacional ha enfrentado a veces a Magallanes y Elcano. El archivo ofrece una conclusión menos excluyente. Magallanes diseñó, negoció y condujo la expedición a través del estrecho; murió antes de terminarla. Elcano asumió el mando de la Victoria, eligió el regreso occidental y llevó la nave hasta su puerto de partida.

También participaron pilotos, marineros, grumetes, intérpretes, esclavos, artilleros y aliados locales. Nombrar a los capitanes es necesario, pero la circunnavegación fue un logro colectivo de una tripulación multinacional sometida a violencia, enfermedad y decisiones extremas.

Navegar sin saber que se daría la vuelta al mundo

La expedición salió para alcanzar las islas de las Especias navegando hacia occidente, dentro de la zona que Castilla reclamaba según su interpretación de los acuerdos con Portugal. Completar una circunnavegación no era el objetivo inicial formulado para toda la armada. Esa posibilidad apareció como consecuencia de las pérdidas, de la llegada a las Molucas y de la decisión sobre cómo regresar.

Cada nave tuvo un destino distinto. La Santiago naufragó durante una exploración; la San Antonio desertó en el estrecho y volvió a España; la Concepción fue quemada por falta de tripulación; la Trinidad intentó regresar por el Pacífico y cayó en poder portugués. Solo la Victoria continuó hacia el oeste. Hablar de «la nave de Magallanes y Elcano» borra una flota cuya desintegración explica el desenlace.

La navegación dependía de conocimientos incompletos. Los pilotos podían calcular latitud mediante astros y estima, pero la longitud seguía siendo muy difícil de determinar. Cartas, derroteros, sondas y observación costera reducían el riesgo sin eliminarlo. Cruzar el Pacífico mostró que su extensión era mucho mayor de lo esperado y dejó a la tripulación sin alimentos frescos durante semanas.

Memoria, archivos y protagonistas

Antonio Pigafetta escribió la relación más famosa y proporcionó descripciones de lugares, palabras y acontecimientos. Su cercanía a Magallanes influyó en el protagonismo otorgado al capitán portugués. La carta de Elcano a Carlos I resumió, en cambio, la culminación y el valor comercial del cargamento. Nóminas, cuentas y declaraciones de supervivientes permiten contrastar ambos relatos y recuperar a otros participantes.

Enrique de Malaca, intérprete esclavizado por Magallanes, ocupa un lugar singular. Había viajado desde el Sudeste Asiático hacia Europa y regresó con la expedición, pero las fuentes no permiten demostrar que completara una vuelta continua al planeta. Su trayectoria recuerda que la empresa se apoyó en desplazamientos forzados y en saberes lingüísticos sin los cuales los capitanes europeos no podían negociar.

La conmemoración mejora cuando evita convertir el viaje en una disputa exclusiva entre naciones o jefes. Portugal aportó la experiencia de Magallanes y de otros marinos; la Corona de Castilla financió y autorizó la empresa; Sevilla reunió una tripulación de muchos orígenes; comunidades asiáticas abastecieron, combatieron o negociaron con los viajeros. Elcano merece el reconocimiento de haber tomado y ejecutado la decisión que cerró la primera circunnavegación documentada, dentro de esa historia colectiva.

Bibliografía

Fuentes primarias

  • PIGAFETTA, Antonio: Relación del primer viaje alrededor del mundo.
  • Carta de Juan Sebastián Elcano a Carlos I, 1522.
  • Documentación de la Casa de Contratación conservada en el Archivo General de Indias.

Bibliografía moderna

  • BERGREEN, Laurence: Over the Edge of the World. Nueva York, HarperCollins, 2003.
  • GIL, Juan: El exilio portugués en Sevilla. Fundación Cajasol, 2009.

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